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  • León Octavio

Bando de Villa Maga, 35 años de utopía

Desde la publicación de la primera edición del Bando de Villa Maga en 1984 atrajo la atención de los comentaristas de las páginas culturales de diversos periódicos y revistas del país, por la originalidad de la publicación que no respondía a los formatos de los géneros conocidos hasta el momento y hasta el periodista Álvaro Burgos Palacio y la profesora Nilda R. Pinelle, directora de la Cátedra de Teoría Literaria de la Escuela de Ciencias de la Información de Córdoba, Argentina, sugieren que puede tratarse de un nuevo género.

Los lectores respondieron en igual forma y fueron centenares de cartas llegadas al apartado aéreo, casilla metálica para recibir correspondencia que fue reemplazada por el correo electrónico y las llamadas “redes sociales”, muchos de ellos creyendo en la existencia real de Villa Maga y otros apoyando esa revolución del sueño de la que se sentían cercanos por compartir esos ideales, sin importar la clasificación de la obra de la que circularon 10.000 ejemplares lo que constituye una hazaña editorial por no contar con un sistema de distribución como lo tienen las editoriales.

A los 35 años de haber salido a la luz pública el Bando de Villa Maga fuimos a entrevistar a su autor, León Octavio, que no usó apellidos al firmar la obra, pero son Osorno Aguirre, para conocer sin intermediarios ilustrados, como los críticos y comentaristas que elogiaron la publicación hasta la exageración, los conceptos y los motivos por los cuales presentó de esa manera la obra.

¿Qué es el Bando de Villa Maga?

Es el diario de una persona contado con el formato de un periódico, o diario como también se le llama a estas publicaciones periódicas. Pude haberlo escrito como una novela autobiográfica en primera persona del singular o en tercera persona, tomando la distancia del narrador omnisciente que da más libertad en la narración, pero pudo más mi amor por el periodismo, género que considero tan importante como la novela o la poesía aunque los intelectuales lo consideren desechable.

¿De dónde le viene ese amor por el periodismo?

Porque aprendí a leer en periódicos. Como en mi pueblo Anzá, Antioquia, no existían libros, el profesor de la escuela recibía semanalmente el periódico El Colombiano, que llegaba a lomo de mula los domingos y nos ponía a practicar la lectura en las páginas editoriales de ese diario que por su regularidad en llegar al pueblo no era un diario sino un hebdomadario.

¿De ahí también su afición por las historietas?

¡Claro! Otro género vilipendiado por los intelectuales pero efectivo en la comunicación. Por eso también soy historietista y si me gané la vida como publicista fue por el mismo motivo. La publicidad es una herramienta efectiva para la comunicación. En esas épocas la “comunicación social” se hacía pero sin ese nombre que inventaron las universidades y fue así como surgieron las facultades de Comunicación Social y los que la habíamos ejercido sin título pasamos a ser

comunicadores “empíricos”, cuando fueron los empíricos los que crearon las bases del “oficio más lindo del mundo” como lo llamó García Márquez, el periodista empírico más famoso del mundo.

¿Quedaron por fuera del mercado laboral los periodistas empíricos?

A quienes habíamos trabajado en periódicos nos dieron la opción de certificar 10 años de ejercicio y nos daban la tarjeta de periodista profesional.

¿Usted la obtuvo?

No, porque yo no necesitaba de tarjeta alguna para sentirme periodista, como tampoco un poeta necesita de tarjeta para ser poeta. Hubo por esa norma muchas tarjetas en poder de personas que no eran periodistas. El periodismo se lleva en la sangre no en una tarjeta o en un diploma expedido por una universidad.

¿Cómo puede considerarse el Bando de Villa Maga periodismo si narra historias inventadas cuando la esencia del periodismo es la realidad?

Todas las situaciones narradas fueron reales. Comienzan con la llegada del amor encarnado en Susan Kunz, una mujer que me mostró la cara del amor verdadero. Ya le dije que es un diario y los hechos que me sucedieron bajo el influjo de ese amor delirante fueron tratados como noticias. Todavía hoy, lo que me pasa o en mi entorno más cercano lo vuelvo noticia o aviso publicitario. Para mí la vida es un noticiero sea visual o escrito, por eso dijo Tite Curet Alonso “tu amor es un periódico de ayer”. En mi caso el Bando de Villa Maga es un periódico de siempre o por lo menos mientras yo viva porque en la obra Villa Maga soy yo enfrentado a una realidad llamada Kanibbalia.

¿Esa novela si fue entendida como tal?

Reconozco que muy pocos lectores entendieron que era una narración novelesca, incluso la mayoría de los escritores y reseñadores de libros que la comentaron positivamente en los periódicos que fueron muchos. Mi amigo Álvaro Burgos, compañero en el periódico El País de Cali, donde yo colaboraba y la profesora Nilda R. de Pinelle de la Escuela de Ciencias de la Información de Córdoba, Argentina, sugirieron que esto puede ser un nuevo género y por eso es difícil de entenderla, aunque sí se la han gozado como lo han expresado en sus comentarios.

¿Qué tanta difusión tuvo el Bando de Villa Maga?

Se hicieron 4 reediciones para 10.000 ejemplares que eso para un trabajo de autoedición es un “bestseller” sin contar las fotocopias que siguen circulando porque yo dejé de seguirlo editando.

¿Por qué dejó de seguirlo editando si era tan exitoso en ventas?

Porque yo no soy un vendedor sino un creativo y aunque soy antioqueño, no soy paisa que es una manera de ser. No tengo talante de comerciante. El Bando de Villa Maga es un buen negocio pero eso no es lo mío pues le corresponde a las editoriales y los libreros. Aprovecho para recordar al

señor Hugo González de la Librería Lerner de Bogotá quien fue el primero en promover su venta y vaticinar su acogida por el público.

¿Qué es lo mejor que le ha dejado el Bando de Villa Maga?

Obvio que la respuesta de los lectores que llegaron incluso a fundar lugares con ese nombre. Valga reseñar el colegio creado en Saravena, Arauca, con el nombre de Villa Maga, que después los políticos lo cambiaron, pero la comunidad le sigue llamando así, incluso a la región donde está el colegio. Son muchos lugares, pero el primero de todos fue la Posada Villa Maga en Bahía Solano, Chocó, fundada por Carmen Lucía Gómez y Olga Teresa Ochoa.

El más reciente es la Reserva Natural Villa Maga localizada en la vereda La Candelaria del corregimiento Villacarmelo del municipio de Cali, que nació como un proyecto de ecoaldea promovida por el artista español Manuel Castelín, pero no se pudo dar como tal porque la finca, adquirida por un grupo de personas para que Villa Maga dejara de ser una utopía y fuera una ecotopía, estaba en el Parque Natural Farallones.

León Octavio se siente orgulloso de las “embajadas” de su país utópico que ya suman más de cien regadas en varios países de Iberoamérica y Europa, creadas por personas soñadoras y trabajadoras por un mundo más equilibrado en todos los aspectos que puedan evitar la catástrofe a la que va de prisa la vida en el planeta de continuar ser dirigido por la estupidez política.

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